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Matecita

06/03/2007
Un sonrisa. Un silencio, y dos manos se estrechan. Supongo que es así siempre, cuando estás, y no me hallo más que en tus palabras. O tu risa. Siempre tan infecciosa, tan tuya, tan propia, que la quiero hacer mía.

Aunque supongo que a veces, cuando te extraño, la imaginación recrea ecuaciones, logaritmos y sumas. Porque mis manos te palpan sin sentirte y la ausencia, en ese momento, se hace más notoria.

No me gusta cuando te pones triste, porque no puedo desdoblarme, viajar en el tiempo, traspasar el espacio, para llegar a ti y abrazarte. Para cuidarte. Porque nadie merece hacerte daño. Quizá algún día invente la manera de hacer que tu risa sea eterna. Te quiero.
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