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Entrevista con Paloma Duarte: “para mí no existen los puntos medios”

03/04/2011

Por: Héctor Huerto Vizcarra*

Resulta simbólico que una de las más jóvenes candidatas al Congreso por el partido Gana Perú, que se muestra combativa y muy crítica a nuestra actual realidad, que señala abiertamente durante la entrevista que para ella no existen puntos medios y que no tiene mayor reparo en autoproclamarse de izquierda, no pueda calificar de izquierda a su propio partido. Es un partido progresista dijo inicialmente, luego afirmó que se trataba de un “partido diferente”. Y es simbólico en la medida en que muchos de los intelectuales que se llaman así mismos de izquierda no dudan ni por un momento que el partido de Ollanta Humala no sea de izquierda. Habría que pasarles la voz que nuevamente se han equivocado.

Para estos intelectuales, quienes firmaron un documento público de adhesión que fue publicado meses atrás en varios diarios, la verdadera alternativa de izquierda en esta elección es Gana Perú sin lugar a dudas. Entonces, ¿cómo se explica que dos de sus candidatas al Congreso como son Cenaida Uribe y Paloma Duarte no puedan calificar a su propio partido de izquierda? Cenaida Uribe en una entrevista última incluso ha afirmado que ella no es de izquierda. Gana Perú probablemente es el símbolo del por qué la izquierda no puede consolidar un partido político hasta el día de hoy: porque se trata de un proyecto apurado por la coyuntura y cuyos principios tienen origen en un nacionalismo que de por sí no puede ser nunca una postura de izquierda. La revolución hay que hacerla en todos los países camaradas, al menos eso decía Marx. Además, ¿quién habría imaginado que nuestra “alternativa política de izquierda” tuviera un nombre tan poco programático como “Gana Perú” y que tuviera como símbolo la letra inicial de su candidato (¿eterno?) a la presidencia.

Volver a la Universidad Agraria para entrevistar a Paloma fue algo bastante grato, fue volver a mis primeros años de mi vida, mi niñez. Pero también fue volver a mis primeros años en la Universidad cuando uno se tiraba la pera para irse a las marchas a protestar contra Fujimori. Paloma como dirigente estudiantil me trajo esos recuerdos a pesar de ser una generación posterior a la mía. Ella tiene 25 años. Y quizá eso haga que sea más meritorio el que haya hecho política dentro de su Universidad cuando la “moda democrática” había pasado.

Paloma representa en ese sentido y con sus mismas palabras a aquella juventud, que se trata de un porcentaje pequeño, que tiene cierta convicción de cambiar nuestra realidad para mejorar los niveles de vida de la población con menores recursos económicos. Una juventud crítica y muy activa. Idealista. Pero una juventud que también está demostrando una incapacidad por formar proyectos políticos propios y que, por tanto, impliquen una verdadera renovación política en nuestro escenario político nacional. Entonces esta juventud se tiene que tragar grandes sapos, como afirmar que Ollanta es la persona más preparada para liderar el cambio que el Perú necesita. Basta ver el debate último del día de ayer para darnos cuenta que esto no es verdad. O que el proyecto de Gana Perú no es un proyecto caudillista. Cuando el caudillismo o personalismo es uno de los grandes males que aquejan a nuestro país e impiden su evolución política.

A pesar de esto Paloma Duarte parece ser un político en construcción, abierto al debate y a la fiscalización, lo que es mucho para el promedio de un político peruano. Un político deseoso de conocer una realidad que por momentos se le escapa de las manos. Con la suficiente ingenuidad para afirmar que nuestros congresistas son personas con ideas trasnochadas que no tienen mayor relación con nuestra realidad porque no la han vivido. Cuando en realidad esa podría haber sido la descripción de un Congreso peruano de la primera mitad del siglo XX. Los congresistas de ahora son políticos que sí pisan la realidad pero no tienen mayor interés en transformarla, sino lucrar de ella. Exprimirla para saciar sus egos inmensos y sus miserias recónditas.

Paloma nos plantea durante la entrevista diversos temas que merecen nuestra atención y sobre todo nuestro debate. Pero un debate que sí admita ideas diferentes y posibilidades de transacción, porque al final eso es hacer política. La política no es sinónimo de imposición de ideas, al contrario, es sinónimo de tolerancia. Pero aquí en el Perú esta conceptualización aún no ha llegado. Seguimos atrapados en la misma dinámica política del siglo XX. Postulando propuestas y derechos del siglo pasado, que paradójicamente perdimos en el camino a nuestro siglo XXI. Olvidando que a nuevos tiempos siempre deben haber nuevas soluciones. Sino miren a Carlín y su propuesta de la jornada laboral de las 4 horas. Eso es mirar al futuro.

Me gustaría pensar que Paloma es una brisa de nuevos tiempos en nuestra política. Me gustaría votar por ella. Me gustaría que más gente joven estuviera postulando ahora al Congreso. Y me gustaría muchas cosas más, pero todo queda por ahora en condicionales.

 

*Docente a tiempo completo de la Universidad Científica del Sur.

Deshojando Flores: la campaña del miedo

09/24/2010

Por: Héctor Huerto Vizcarra[1]

Lourdes desinformando

El factor miedo puede ser determinante al momento de definir una elección. El miedo hace que las personas actúen irracionalmente con cierta desesperación. En el caso de una elección, el miedo plantea usualmente el dilema del mal menor. El voto no se da entonces por un candidato que me convenza, que haya planteado mejor sus propuestas. Es un voto de oposición a un candidato en particular y al supuesto peligro que representa. El voto que deviene del factor miedo es un voto ignorante porque carece de fundamentos. Detrás de ese tipo de votos sólo hay angustia y manipulación.

Los que desatan la campaña del miedo apelan a una vieja tradición de la política peruana: la actitud confrontacional. La política queda reducida a un campo de batalla, literalmente, donde el objetivo es destruir al enemigo, erradicarlo del sistema político de ser posible. Por tanto, tiene que ser una campaña muy bien orquestada desde las sombras ya que políticamente en la actualidad no es “correcto” eliminar a tu rival político. No puede tratarse, sin lugar a dudas, de campañas organizadas por espontáneos porque implica la movilización de grandes cantidades de recursos materiales y de mano de obra, los mismos que son directamente proporcionales al proceso electoral en mención. La cantidad de recursos movilizados para un proceso electoral de una alcaldía distrital suele ser menor que la cantidad de recursos que requiere un proceso electoral presidencial por ejemplo. Evidentemente, para realizar este tipo de campañas de terror se requiere de un plan bien detallado.

La campaña sucia desatada contra la candidata de Fuerza Social, Susana Villarán, comenzó a arreciar ni bien empezó a asomar en las encuestas de manera descollante, sobre todo luego de la salida de la contienda electoral de Alex Kouri. Recién en agosto Villarán tuvo su despegue subiendo del 4% al 12% según la encuestadora de la PUCP. A partir de ese momento se desató la campaña del miedo. Aparecieron en primer lugar cadenas de correos recordando su pasado en la izquierda radical de los setentas. Luego los diarios Correo y La Razón comenzaron a propalar distintos titulares en donde prácticamente la acusaban de violentista. Nada más falso. Dentro de la misma izquierda Susana Villarán tiene la imagen de ser demasiado blanda. La política peruana aún no está acostumbrada a una de las características esenciales de la democracia: la tolerancia. Y justamente intolerancia fue lo que demostró Lourdes al hacer una caricatura de la candidatura de Susana, vinculándola al viejo discurso desfasado de la izquierda peruana con la que ella no comulga hace varios años atrás.[2]

Pero la campaña de difamación contra Susana recién comenzaba y surgen así nuevas declaraciones, acusaciones y mosquitos difamatorios. Las propuestas políticas parecen ensombrecerse frente a este maremoto de inmundicias que arroja la campaña política por la alcaldía más importante del país. Pero hay que tomar en cuenta que Susana no ha sido la única víctima de todo esto, también lo ha sido Lourdes con la publicación de varios audios de conversaciones privadas suyas. Todo esto recuerda el modo de hacer política durante el fujimorato. Para los principales operadores del gobierno de Fujimori todo resultaba válido con tal de anular cualquier tipo de oposición política. Espiar conversaciones ajenas, mancillar la honra de opositores inventando acusaciones y emprender campañas del miedo eran las piedras angulares de la dinámica política de esa época. Tal era la sensación de impunidad en esa década que este tipo de prácticas políticas se daban en todo nivel.

Recuerdo mucho algo que me sucedió por aquellos años. Era el año 2000 y cursaba los Estudios Generales Letras de la PUCP. Aún quería ser abogado como mi viejo. Con un grupo de amigos con los que salíamos a protestar contra Fujimori decidimos organizarnos y presentar una lista para las elecciones del Centro Federado de Estudiantes de esa facultad. La contienda al final se definió entre dos listas: la nuestra y una lista que era considerada oficialista porque tenía vínculos con el grupo estudiantil que en ese entonces controlaba la FEPUCP. Desde un inicio a nosotros nos estaba yendo bien en la campaña electoral por una simple argucia publicitaria, nuestro símbolo tenía mayor pegada que la del adversario. Parecía que nuestra victoria estaba cantada a pocas semanas de las elecciones. Sin embargo, empezaron a llegar correos electrónicos a todos los estudiantes de la facultad en donde se llamaba a votar por nosotros. Lo curioso de este tipo de “adhesión política” fue que los correos estaban firmados por el Presidente Gonzalo o por agrupaciones marxistas inexistentes. Se pedía el voto de los estudiantes por la lista popular y revolucionaria -que era la nuestra- y en pos de la lucha armada. Nunca tuvimos la capacidad para contrarrestar tamaña campaña difamatoria. Al final, como resultado de aquello perdimos esas elecciones junto con la idea ingenua que teníamos sobre la política en general. Quizá por eso me enerva tanto que se quiera ganar una elección usando estas campañas del miedo. Artimañas que sorprenden a los ingenuos y desinformados. Campañas que apelan a lo más irracional del ser humano. No nos dejemos impresionar por favor.


[1] Historiador de la PUCP y Magíster de Ciencias Políticas de la USAL (España). Docente de la UCSS y la UCSUR. Pueden encontrar más artículos míos en mi blog: https://marcayuq.wordpress.com

[2] Estas declaraciones las dio a RPP el jueves 2 de setiembre a eso de las 8:15 de la mañana y donde señaló que existe el temor que viejas ideas fracasadas del pasado estén buscando llegar al poder.

Susana Villarán: Una Agenda para el cambio. Aportes para el debate

08/25/2010

Por: Paul A. Maquet M

El  hecho más importante del proceso electoral municipal para Lima en las últimas semanas ha sido  a no dudarlo la subida vertiginosa de Susana Villarán que, ante la salida de Kouri, ha pasado a ocupar el segundo lugar en las encuestas con un 14% oficial y un aun no dicho 20%  real de la intención de voto. A no dudarlo como no podía ser de otra manera, esta alza de Susana se produce a contracorriente de los grandes intereses expresados en los medios de comunicación masiva que crearon una falsa polarización entre Lourdes Flores Nano y Alex Kouri. En ese sentido no son gratuitos los agravios de diverso tipo de los que viene siendo objeto en los últimos días. A pesar de estos ataques – o quizas como producto de ellos – la candidata de Fuerza Social  empieza a ser percibida por una parte del electorado como una alternativa válida de honradez y transparencia, sobre todo después del destape de los negocios que tenía Lourdes Flores con Cataño. Un taxista me decía anoche que conocida la trayectoria de Kouri él pensaba votar por Lourdes pero “después de lo sabido, he optado por darle mi voto a Susana Villarán”. No por Lay – ojo –,  Andrade o Iberico, “que son candidatos grises, sin fuerza ni carisma”.

La Candidatura de Susana Villarán constituye un viento de frescor en el escenario político enrarecido por la corrupción, el transfuguismo,  el autoritarismo y la prepotencia. En ese marco no deja de ser significativo el hecho de que la candidata que encarna esta renovación sea percibida  como una candidata de izquierda,  lo cual parece no incomodar demasiado a una parte importante del electorado. Hecho éste que ha sido interpretado por algunos – con cierta razón – como una expresión de la desideologización de la política (que explicaría un cierto transvase de los votos de Cambio Radical a favor de Susana). Pero también es cierto que cuando la izquierda tiene un buen candidato, se presenta unida y no aparece como un conglomerado conflictivo, tiene mayores posibilidades de éxito.

La postulación de Susana  Villarán es por naturaleza diferente a la de los otros candidatos  porque  queriendo  una Lima para todos,  tiene una clara opción preferencial por los pobres, que son los que más sufren los agobiantes problemas de la capital. Esta opción  preferencial se refleja en la propuesta programática  y en la forma de gestión que levanta  y – sobre todo – en la transparencia y responsabilidad con la que dice y actúa. Todos saben, aunque muy pocos lo enfatizan, que  las soluciones a los problemas de Lima no son principalmente técnicas sino políticas.

En  seguridad  ciudadana un gran obstáculo para la lucha contra la delincuencia es el nivel de corrupción al que han llegado la policía y el poder judicial. En el primer caso algunos expertos han evaluado que se necesitaría cambiar a por lo menos el 30% del personal activo actual para empezar a construir una policía confiable. En el segundo caso el Consejo de Defensa Judicial del Estado acaba de denunciar la existencia de 166 jueces corruptos. No por casualidad la última encuesta de Ipso Apoyo señala que un 74%  afirma que el poder judicial es corrupto o muy corrupto. ¿Quién en Lima no ha sido testigo mudo sino víctima de la coima que en cada esquina exige  por “quítame esta paja un representante del orden”?  ¿Quién no sabe que los policías que trabajan junto con el serenazgo se abstienen de cumplir determinadas responsabilidades con un sin fin de pretextos? ¿O que pocas veces actúan en caso fragrante aunque éste ocurra a pocos metros? ¿Alguien en su sano juicio iría a pedir ayuda a un policía sin temor a salir mal parado? ¿Cómo ofrecer que se va a bajar el índice de delincuencia si tenemos al gato de despensero?

En  transporte es vox populi que Lima tiene 75 mil taxis formales y 250 mil taxis informales. Cifra  muy superior a las necesidades del transporte: taxis  inseguros y  fuente principal del caos vehicular que existe en la ciudad. ¿Van a salir de circulación esas unidades como debiera ser o se va a seguir considerando al transporte público de pasajeros como un refugio de desempleo y no  un servicio a la comunidad? Si optamos por lo segundo no hablemos de solucionar el problema del transporte. Otro:  ¿Se va a detener de una vez por todas la importación de autos usados que congestionan la ciudad y deterioran el medio ambiente? ¿La Municipalidad va a prohibir la circulación de estos vehículos? ¿Y los microbuses? ¿Se van a formalizar como empresas modernas terminando con el sistema medieval que nos agobia?  ¿Se van a retirar de circulación las unidades con más de 20 años de uso? ¿Se van a tomar en serio las revisiones técnicas?  ¿Se va a implementar por fin un sistema integral – metro por ejemplo – que acabe con los parches que – como el Metropolitano  o el tren eléctrico – no son soluciones estructurales sostenibles?

En participación ciudadana: ¿Se va a cumplir la ley del presupuesto participativo que obliga a la Municipalidad de Lima a llevar a cabo un proceso de planificación y consulta concertada de por lo menos un tercio de su presupuesto? ¿Se va a terminar con la parodia de presupuesto participativo por internet que implementa Castañeda?

En gestión de la ciudad ¿Lima va a contar con un plan de desarrollo que obligue a todos? Se va a repontenciar el Instituto Metropolitano de Planificación? Se va a hacer funcionar el Consejo interdistrital como espacio de decisión concertada que evite que la Municipalidad de Lima gobierne a espaldas de las Municipalidades distritales como en el caso de Barranco con el Metropolitano?. Y en ese sentido, ¿se retomará la propuesta de los Consejos interdistritales de desarrollo hoy que las ciudades que conforman Lima son una realidad?  En ese mismo sentido, todos saben y nadie lo dice, Lima y Callao conforman un mismo territorio en lo económico, social y urbano – espacial. Ambos deben compartir un  mismo plan de desarrollo y una forma complementaria de gestión. ¿Se van a dar pasos en ese sentido? Y finalmente,  ¿se va a investigar la gestión de Castañeda Lossio por el caso Comunicore?

En vivienda y urbanismo, ¿la Municipalidad de Lima va a cumplir la ley municipal y tomar parte activa de la solución del problema de la vivienda que padecen miles de ciudadanos que carecen de un lugar digno dónde vivir? Los programas nacionales de vivienda del gobierno han fracasado porque están de espaldas a las necesidades de la gente que construye a su ritmo y a su manera su vivienda y la ciudad. La Municipalidad de Lima debe contar con una política y con un programa metropolitano de suelo y vivienda que provea fondos y asistencia técnica a los más necesitados. ¿Lo va a hacer? ¿O se va a continuar con la política de alentar la construcción de la vivienda entendida como un negocio mientras los pobres continúan ocupando los cerros expuestos a mil peligros aumentados exponencialmente como producto del cambio climático? ¿La Municipalidad va a retomar la responsabilidad del Saneamiento físico legal de los asentamientos humanos y hacer que termine la manipulación política y la corrupción de Cofopri?

Pero Lima no tiene sólo problemas sectoriales sino también áreas que deben merecer un tratamiento especial. Un ejemplo es la zona comercial dominada por el mercado Mayorista en el eje Aviación – México – Ayllón – Circunvalación. Quién haya circulado al interior de dicha zona coincidirá que la misma sintetiza una gran parte de los problemas que tiene Lima: Pobreza, informalidad, delincuencia,  drogadicción, suciedad. Cerros de basura alrededor de lo que alguna vez fue “501”, a la entrada de El Agustino, en San Jacinto. Lima necesita un plan  integral específico e interdistrital  de desarrollo de este eje. ¿Alguien tomará el toro por las astas alguna vez?; ¿se concretará la reubicación del mercado mayorista? ¿Se habilitará el mercado de Santa Anita?  ¿O vamos a continuar  “no mirando” la realidad cancerígena  que tiene esa zona? Otro tanto sucede con el eje de la ribera del Río Rimac – Morales Duarez – Avenida Argentina desde el centro de la ciudad hasta Faucett, donde la población vive en una situación permanente de riesgo. ¿Se planteará una propuesta de remodelación urbana de dicho eje y se les dará a las familias la garantía necesaria para que cuenten con una vivienda digna? ¿Se recusará el proyecto municipal actual que amenaza con desalojar a miles de habitantes del lugar sin darles ninguna alternativa seria de solución? Una tercera área de tratamiento especial está constituida por todas las viviendas que ocupan las laderas de los cerros en Villa María, San Juan de Miraflores, El Agustino, Vitarte, San Juan de Lurigancho, Puente Piedra y otros distritos dónde la población ha ocupado terrenos de muy difícil acceso, no con un afán “expectaticio” como dicen algunos técnicos poco advertidos, sino porque no tienen otro lugar dónde vivir. ¿Habrá una política de mejoramientos de vivienda y/ o relocalización planificada de esas familias?

Del listado sugerido líneas arriba – que no es más que un recuento somero e incompleto – hay cosas que le competen a la municipalidad y que están en sus manos implementar o no. Otras implican una coordinación con el gobierno central o con el parlamento. En uno y en otro caso la municipalidad debe tomar iniciativa y no hacerse el muertito como Castañeda.  Y Susana Villarán con firmeza debe sostener  un punto de vista claro ante éstos y otros problemas. Entendemos que en medio de una campaña electoral esto no es fácil porque cualquier medida que mire a la ciudad en su conjunto afecta indefectiblemente  intereses específicos y resta votos. Por eso por lo general los candidatos omiten referirse a determinados temas calientes y se quedan en el discurso general del tipo “es necesario fortalecer a la familia para luchar contra el pandillaje “ (Humberto Lay), que en suma no dice nada pero que “puede caer bien”. ¿Cómo hacer que Susana “caiga bien” y a la vez sea precisa y diga la verdad? Alfonso Barrantes, que debiera ser mencionado un poco más en la campaña, tenía una fórmula para ello que al final resultó siendo victoriosa.

¿La tacha de Kouri representa la victoria de Lourdes Flores?

08/23/2010

Por: Héctor Huerto Vizcarra[1]

Era una cuestión de sentido común que Kouri no podía participar como candidato para las elecciones provinciales de Lima Metropolitana. La Ley de Elecciones Municipales (N° 26864) le exigía a cada uno de los candidatos residir en el lugar estaban postulando un mínimo de dos años. Kouri no podía vivir en otro lado que no fuera el Callao porque por algo era su presidente regional. El artículo 20 de la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales (N° 27867) señala que un presidente regional desempeña su cargo a dedicación exclusiva, salvo que ejerciera la función de docente. Y ese no era el caso de Kouri. Él no enseñaba en ninguna universidad de Lima. No podía, por tanto, ejercer su labor como abogado porque la ley se lo prohibía. Alegar lo contrario es ponerse él mismo la soga al cuello, es afirmar ante todo el mundo que estaba infringiendo la ley.

Resulta sorprendente y satisfactorio que por primera vez el JNE deje de ser una institución meramente decorativa. Aunque no hay que cantar victoria, todavía no sabemos qué componenda política subrepticia puede estar detrás de esta sentencia, con lo cual no podría hablarse del crecimiento de la institucionalidad de ese organismo. No quiero pecar de pesimista pero tampoco de ingenuo. En el Perú la política se define en muchos aspectos en el campo de lo informal. La ahora fallida candidatura de Kouri es un ejemplo de ello. De lo contrario, esa candidatura ya habría sido tachada hace mucho y no a pocas semanas de los comicios electorales.

Sin embargo, lo que ahora importa es cómo afecta esta tacha a los resultados del domingo 3 de octubre, cuando los votantes de Lima Metropolitana nos hayamos movilizado a nuestros centros de votación. ¿Lourdes será la nueva alcaldesa de la ciudad? ¿Se impondrá realmente la decencia contra la corrupción? Que son los términos que utilizó Lourdes para simplificar esta contienda electoral. Evidentemente deberíamos apostar nuestro voto a luchar contra la corrupción. Por lo que tendríamos que evaluar lo qué significa recibir un millón de dólares de un presunto narcotraficante, que maneja dos identidades diferentes, que figura actualmente como militante del PPC, y que ha sido candidato de ese partido para presidente regional el 2006 en Tacna. El lavado de dinero, Lourdes, es un delito muy cercano a la corrupción.

El reciente debate del viernes pasado nos demostró el nivel de preparación de la mayoría de nuestros candidatos al sillón municipal de Lima. Salvo dos de los seis candidatos que fueron invitados a ese debate, Humberto Lay y Susana Villarán, no hubo pronunciamientos contundentes para luchar contra la corrupción y evaluar la gestión del saliente alcalde Castañeda en ese sentido. En realidad, en términos generales lo que se pudo observar es a una Lourdes Flores que apelaba constantemente al clientelismo para atraer a más votantes, a un Ibérico desorientado y sin un discurso preclaro, a un Andrade nervioso aunque propositivo, a un Kouri canchero pero insustancial, a un Humberto Lay conservador al extremo de recitar citas bíblicas frecuentemente, y a una Susana Villarán mucho más consistente que el resto y que apelaba a la tarea titánica de construir ciudadanía entre la población.

No se trata de pedir tan sólo el voto, se trata de involucrar al poblador de Lima en la propia gestión municipal como un elemento activo e innovador. Porque para eso estamos en democracia, para construir ciudadanos y no clientelas. Por eso, este 3 de octubre mi voto va para Susana Villarán. Y ojo que no estoy votando por el mal menor. Esta vez no.

Anexos:

1. Resolución Lima Kouri

2. cataño es militante del PPC


[1] Historiador de la PUCP y Magíster de Ciencias Políticas de la USAL (España). Docente de la UCSS y la UCSUR

El límite difuso entre la sociopatía y el pragmatismo electoral

04/09/2010

Por: Héctor Huerto Vizcarra[1]

Kouri el candidato

Hace algunas semanas atrás leí un acertado artículo en La República, si mal no recuerdo, sobre cómo la sociopatía parece extenderse peligrosamente entre la población peruana. Para los no conocedores del término, la sociopatía puede definirse como una enfermedad mental en donde la persona que la padece pierde la noción de la importancia que tienen las normas sociales en toda sociedad. Y por normas sociales me refiero directamente a las leyes y a los derechos individuales de las personas. Se sabe hasta el momento que dicha enfermedad puede ser causada tanto de manera genética como por el entorno social del niño durante su desarrollo.

Bastaría ver al tráfico limeño en general para observar casos severos de sociopatía, con choferes que decidida y entusiastamente se empeñan en no respetar las reglas de tránsito por su propia conveniencia. A los sociópatas evidentemente poco les interesa el daño que puedan causar sus acciones en terceras personas. A la mayoría de choferes de Lima, sean de transporte público o privado, tampoco. Los autos o microbuses cruzan impunemente de un carril a otro de manera brusca e intempestiva, casi obligando al auto del otro carril a parar en seco. Contantemente colocan en aprieto a los transeúntes quienes asustados tienen que cruzar las pistas a la carrera, porque los choferes parecieran acelerar cuando los ven cerca. Las luces amarillas y los pasos de cebra han perdido su significado hace mucho. ¿Alguien aún los recuerda?

Quizá una forma de sociopatía permitió las innumerables masacres y asesinatos que enlutaron al pueblo peruano en toda la década de los ochenta y los inicios de los noventa. Nadie tiene la autoridad suficiente como para mandar a matar a otra persona, ni siquiera si lo hacemos por la patria o la revolución. Siempre cabe la posibilidad de negarse, de rechazar tales mandatos, de decir no y basta. El derecho a la insurgencia que la Constitución respalda, es el derecho que tiene toda persona de rechazar una orden que atente contra cualquier derecho que la Constitución misma resguarda.

En el caso de las próximas elecciones, y de la política en general, los vacíos existentes en nuestra legislación y la vigencia de normas contradictorias o ambiguas, permiten que conductas sociópatas sean posibles. La defenestrada congresista Canchaya pretende de esta forma regresar al parlamento alegando la prescripción de su delito. Alex Kouri postula al cargo de alcalde de Lima cuando hasta algunos días atrás era el Presidente Regional del Callao, es decir, de otra circunscripción electoral, cuando se supone que las elecciones municipales sirven para elegir a “vecinos” de un lugar. Se desaparecen audios misteriosamente del Poder Judicial y nadie parece horrorizarse por ello. Al parecer, los tres poderes del estado se han convertido en la mejor vitrina para “legalizar” lo ilegal, el no respeto a las normas sociales.

Estamos entonces inmersos en una sociedad que alaba al “vivo” y desprecia al “sonso”, que sería aquella persona que sí respeta las leyes que rigen nuestro país. Un empresario para ser exitoso tiene que coimear tanto como un político tiene que mentir para salir elegido. Un elector en ese mismo sentido, va a elegir a aquel candidato que le ofrezca mayores beneficios sin importarle si roba o comete otra serie de delitos. Un taxista el otro día me comentaba que no pensaba votar por Kouri por la estricta reglamentación que había impuesto al transporte público en el Callao. Al contrario, poco le importaba si tenía un pasado montesinista o si había robado. Mas bien, estaba seguro que Castañeda si había robado pero para él era su mejor elección, su candidato a votar. La sociopatía en todo su esplendor. El taxista no pensaba votar por Kouri simplemente porque iba a afectar sus intereses más inmediatos.

Entonces, ¿de qué estamos hablando: sociopatía o pragmatismo electoral? Estoy más que convencido, sobre todo después de las elecciones de delegados que tuve en las clases donde soy profesor, que los peruanos promedio votamos por lo que más nos conviene. Pero, ¿cuándo nuestra propia conveniencia termina siendo perjudicial para los demás? ¿Cuál es el límite? ¿Cuándo debemos pensar más allá de nuestras propias narices? ¿Cuándo nuestra conducta se acerca más a los rasgos de una enfermedad mental? Son preguntas que debemos reflexionar.


[1] Historiador de la PUCP y Magíster de Ciencias Políticas de la USAL (España). Docente de la UCSS y la UCSUR. https://marcayuq.wordpress.com y http://ahorahistoria.blogspot.com

La relación entre la ciencia y la intolerancia

02/16/2010

Por: Héctor Huerto Vizcarra[1]

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La ciencia que surgió en su momento como una potente arma contra el oscurantismo religioso parece encubrir entre sus cimientos fuertes rasgos autoritarios e intolerantes. Esta idea me viene a la mente a raíz de un excelente artículo de Moisés Naím aparecido el domingo pasado en El País, “¿Por qué tantos terroristas son ingenieros?”, cuyo título es parecido al texto que hace alusión en todo momento, publicado en inglés en la Revista Europea de Sociología (European Journal of Sociology) por Diego Gambetta y Steffen Hertog: “Why are there so many Engineers among Islamic Radicals?”. Aunque vale la pena advertir que Naím incurre en ciertas inexactitudes con relación al trabajo de Gambetta y Hertog.

El ensayo en mención plantea que en un universo de 404 extremistas islámicos identificados en 30 países y provenientes de 9 organizaciones grandes y de una docena de pequeños grupos musulmanes, tan sólo pudieron encontrar 196 personas que siguieron una educación superior.[2] De estas 196 personas sólo encontraron los datos específicos sobre la profesión estudiada en 178 casos. Lo sorprendente es que de estos 178 casos, 78 extremistas islámicos estudiaron ingeniería, es decir, el 44%. La cifra es asombrosa, incluso si sacamos el porcentaje general en relación a los 404 casos iniciales, que vendría a ser el 19%. Sobre todo si tomamos en cuenta que el porcentaje de ingenieros en los países musulmanes con respecto a su población total es del 3.5%. Es decir, estos países no tienen muchos ingenieros pero a pesar de eso, hay muchos ingenieros involucrados con el terrorismo islámico. ¿Por qué?

ingenieros radicales

Gambetta y Steffen plantean que esto se debe a la conjunción de dos factores, que no pueden desligarse entre sí: al tipo particular de mentalidad que tienen las personas que optan por estudiar ingeniería y a los factores sociales y económicos que encuentran los ingenieros en los países predominantemente musulmanes, especialmente los de oriente medio. Con respecto a lo primero, señalan que la carrera de ingeniería atrae mayormente a individuos de mentes cerradas, proclives a buscar respuestas cortas y contundentes a sus preguntas, ya que la ambigüedad los hace sentir incómodos. En ese sentido, políticamente suelen optar por posiciones conservadoras que postulan un orden social fuerte y jerarquizado. En lo segundo, fundamentan que desde los años setenta en los países islámicos, con la excepción de Arabia Saudita, los ingenieros han ido perdiendo su estatus social y económico, debido a severas crisis económicas y a la corrupción de sus estados. El detonante de estos factores, afirman, pudo ser el autoritarismo de los gobiernos islámicos que radicalizó a este sector de la población.

Ciertamente este planteamiento es bastante polémico y puede ser muy cuestionado por el uso de fuentes tan diversas como insuficientes de las que hacen gala los autores. Sin embargo, resulta muy sugestivo y también esclarecedor, puesto que no se trata de un tema fácil de abordar, especialmente cuando se trata de recoger información factible a ser analizada, tanto cualitativa como cuantitativamente. Por tanto, lo que más me interesa, yendo más allá del caso de los ingenieros y del islamismo radical, es aquella propensión a la intolerancia que se encuentra en determinadas disciplinas y que se relacionan con el principio de la “verdad”, o yendo de la mano del ensayo que hago mención, con las respuestas simples y claras.

Para comprender a nuestra realidad circundante, o mejor dicho, para responder las preguntas que nos asaltan cuando intentamos entender dicha realidad, es bastante improbable encontrar una respuesta simple y contundente. A menos que estemos preguntando por una fecha o por la suma de dos cantidades. Los procesos sociales en los que nos vemos inmersos muy difícilmente pueden ser analizados como si estuviéramos en un laboratorio, en donde podemos diseccionar (variables independientes) partes de una rana (realidad a estudiar). O como si estuviéramos sumando o restando. Esto es muy difícil de comprender para algunos politólogos y para mucha gente más que piensa que la complejidad de una respuesta es caer en el relativismo de no tener “una verdad” o “verdades”.

Las verdades no son estados inmutables del conocimiento, sino más bien consensos sociales, proclives a variar con el tiempo y siempre en relación a las nuevas investigaciones o a los inesperados hallazgos que realizan los diferentes investigadores. En ese sentido, no es algo inmutable que Túpac Amaru II sea considerado como un precursor de nuestra independencia, puede surgir alguna investigación en el futuro que llegue a demostrar que en realidad sólo quería obtener ciertas prebendas de la corona española, y nunca quiso la independencia del Perú de España. Esto es un ejemplo y no es algo que se haya siquiera planteado hasta el momento.

Hay que tomar en cuenta que a pesar de lo que dice mi provocador título, las ciencias no son las únicas proclives a la intolerancia o al autoritarismo. Tal como lo mencionan Gambetta y Steffen en su ensayo, en las organizaciones de izquierda radical en el mundo y a lo largo de la historia han predominado médicos, abogados y profesionales procedentes de las humanidades. No hay que olvidar que “la cuarta espada del comunismo internacional”, Abimael Guzmán, fue un prominente filósofo, antes de desatar el terror y la muerte en nuestro país. Por tanto, recomiendo ser más cautos y críticos cuando nos enteremos de alguna “verdad universal” y cuando asumamos posiciones personales, políticas y profesionales que nos “obliguen” a buscar respuestas cortas y contundentes. Casi nunca las hay.


[1] Historiador y magíster en Ciencias Políticas. Profesor de la UCSS.

[2] Tan sólo encontraron información relativa a su nivel educativo en 284 casos de los 404.

El obituario del Foro Social Mundial

02/08/2010

Por: Héctor Huerto Vizcarra[1]

El Foro está muriendo...

Han pasado 10 años desde que apareció por primera vez el Foro Social Mundial en enero del 2001, en Porto Alegre (Brasil), como un espacio alterno y disidente a la cumbre de los países más poderosos del mundo, donde los representantes de las distintas organizaciones sociales podían darse cita para conocer otras experiencias y realidades, para sentir que no se estaba solo en la lucha por una sociedad mundial diferente.

Ha sido una década en donde este objetivo se cumplió a cabalidad, sobre todo por la descentralización que tuvo este proceso a nivel de cada continente y de cada país. Proceso que no estuvo exento de problemas, enfrentamientos y divisiones. El ejemplo peruano es muy ilustrativo al respecto, con el Foro de la Cultura Solidaria por un lado y un supuesto foro “oficial” peruano por el otro. La confrontación con la realidad demostró cuál de los dos tenía mayor importancia.

Sin embargo, el último Foro Social Mundial acaecido hace pocos días tanto en Brasil como en diferentes partes del mundo, puesto que se optó por descentralizar sus actividades en veinte ciudades distintas del globo, ha demostrado la agonía de este proceso. Urge actualmente la necesidad de optar por la eutanasia para así evitar que se prolongue innecesariamente y se desprestigian sus primigenias banderas de lucha. Raúl Zibechi (ALAI) lo ha dejado claro: “Si alguna vez los foros fueron un genuino encuentro de movimientos sociales, en los hechos se convirtieron en encuentros de elites, intelectuales, miembros de ONGs y representantes de organizaciones sociales.” Susan George (El País, 08/01/2010), una de las principales impulsadoras de este proceso en Francia, ha afirmado que la estrategia de ir de cumbre en cumbre es un modelo insostenible.

Porque si se va más allá de ver al foro como un espacio “liberado” en donde se podía gritar a viva voz y donde se podían interconectar distintas organizaciones sociales del mundo, el panorama es calamitoso. Puesto que si el movimiento del Foro aspiró a ser algo más, en algún momento de su trayectoria, las oportunidades que se le presentaron desvelaron sus enormes limitaciones. La guerra desatada en Irak, pero sobre todo, la crisis económica de setiembre del 2008, no fueron aprovechadas para crear un movimiento político mayor que cuestionara abiertamente y con eficacia al actual sistema político y económico. Sami Nair (El País 30/01/2010) se pregunta en ese sentido: “¿Por qué el movimiento antiglobalización no se ha aprovechado políticamente de esta crisis? ¿Por qué da la impresión de haberse apagado en el preciso momento en que se encendía el fuego?”.

.           Han quedado en claro, tras esta década, dos cosas: la necesidad de globalizar (interrelacionar) las distintas luchas contra el sistema político y económico que nos rige, y enfatizar de manera intensiva que dichas luchas se desarrollen en otros espacios que no sean exclusivamente los procesos electorales. De lo que se trata es de empoderar a una ciudadanía global para que pueda fiscalizar a los distintos niveles de gobierno estatal (prefecturas, municipalidades, regiones o departamentos, gobierno nacional y comunidades continentales), y que pueda finalmente inclinar las decisiones gubernamentales a su favor. Sin una ciudadanía consciente de sus derechos y posibilidades, educada y consecuente, es imposible cualquier tipo de transformación social, puesto que el poder no viene ni del fusil ni de caudillos iluminados.


[1] Historiador y Magíster (Maestro) en Ciencias Políticas. Profesor Contratado de la UCSS